Convento de Nuestra Señora de la Aninciación de Griñon, Madrid

El Convento de Griñón (Madrid) fue fundado por el ilustre clérigo D. Rodrigo de Vivar, como convento de monjas de la Tercera Orden de San Francisco. El 10 de mayo de 1525 llegaron las religiosas fundadoras procedentes del convento de Nuestra Señora de los Llanos de Almagro (Ciudad Real). La comunidad, por deseo expreso del fundador, debía regirse por la Regla escrita por el P. Francisco de los Ángeles Quiñones, Ministro General de la Orden franciscana.  
 
La iglesia y las demás dependencias del monasterio, fueron bendecidas por el obispo auxiliar de Toledo el 27 de febrero de 1727, bajo la advocación de Ntra. Señora de la Anunciación.
 
Como consecuencia de la guerra tuvieron que abandonar el Convento y dirigirse, primero a Cubas de la Sagra y, más tarde, a Madrid. Terminada la guerra pudieron volver encontrando seriamente deteriorado el Convento como consecuencia del uso cuartelario al que fue sometido durante la contienda. 
 
 
Siguiendo la invitación del Concilio Vaticano II a volver a las fuentes de la espiritualidad de cada instituto religioso, el 1 de noviembre de 1970, la comunidad de Griñón, profesó la Regla de la Orden de Santa Clara. 
 
El edificio conventual de Griñón es de estilo barroco con muros de ladrillo y mampostería con decoración plateresca de madera dorada y policromada. Contiene pinturas ejecutadas por el pintor toledano Juan Correa de Vivar entre 1533 y 1536, sobrino del fundador. A los lados de la nave de la iglesia y en el coro alto hay tres retablos de gran valor, de la escuela madrileña del siglo XVI. Conservan también varios cuadros e imágenes de los siglos XVI y XVIII, innumerables imágenes así como cantorales escritos en 1619, por Sor Ana de la Concepción.
 
El convento, fue declarado Patrimonio Histórico-Artístico por la Comunidad de Madrid, en 1998.
 
Este convento, humilde en su exterior, pero cuidado y bello por dentro, con su sencilla espadaña, es un reclamo constante de paz, de fe y oración que vibra y canta la alabanza del Señor.


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